Sostenibilidad en la ciudad ser eco en entorno urbano autosuficiencia urbana

¿Podemos ser sostenibles en la ciudad?

¿Sabías que ahora mismo hay un concurso de proyectos para crear la primera ciudad en Marte? ¡Sí, sí! Parece que la ciencia ficción está cada vez más cerca de hacerse realidad. En concreto, dice la noticia: “La intención es que las ciudades sean diseñadas para funcionar de manera autosostenible y depender lo menos posible de la importación de materiales de la Tierra, y que su materialización sea tecnológicamente posible”1

¡Bravo! Pero…  ¿y por qué los terrícolas no podemos tener ciudades así de atractivas ya ahora? Perdónenme la ingenuidad pero, ¿y no sería posible emplear toda esa energía y recursos en  arreglar este Planeta en lugar de buscarse otro? ¿no podríamos deberíamos estar invirtiendo ahora mismo en reducir nuestra huella de carbono, en readaptar nuestra relación con el entorno incluyendo ajustes en las ciudades, en los sistemas de producción, en la concienciación ciudadana, etc.?

Sin lugar a dudas, podemos afirmar que vivimos por encima de nuestras posibilidades ambientales. Creo que podemos decirlo bien alto y claro para que todo el mundo vuelva a escucharlo (porque entiendo que a estas alturas ya todxs lo sabemos…) que extraemos más recursos de la Naturaleza de lo que ésta puede recuperar en el tiempo (algunos ni siquiera son recuperables petróleo, minerales, gas natural, determinados depósitos de agua subterránea, etc) y además, generamos más residuos y contaminación de los que el planeta puede asimilar.

Y nuestro impacto es mayor si vivimos en ciudades.

¿Qué pasa con las ciudades?

Vivir en una ciudad pone a nuestro alcance una amplia gama de productos y servicios y de oferta laboral que sirven de atractivo para que cada vez más personas decidan irse a vivir a entornos urbanos. Y es que el número no hace más que aumentar: se estima que para 2050 dos tercios de la población viva en ciudades (quizás con un poco de suerte, después de toda esta situación de confinamientos y Covid-19 se modifique esta tendencia).

Fuente: pexels

Lejos de ser un dato positivo no hace más que aumentar la balanza del lado del desequilibrio ambiental:

Mientras se van configurando las ciudades, se ocupan espacios naturales que se alteran drásticamente debido a la deforestación, disminución y/o pérdida de la fauna del área; se pierden zonas forestales, silvestres, costeras, recreativas, humedales, etc.

La concentración de población y de actividades comerciales e industriales en un área urbana conlleva también la concentración del consumo de recursos y energía así como de residuos y contaminación por lo que los sistemas naturales se ven sobrecargados y a duras penas (o directamente no) pueden gestionar esta situación

En las zonas urbanas se provoca una gran presión sobre los recursos hídricos de la zona puesto que se altera el ciclo del agua (pensemos que las ciudades son cemento y asfalto, materiales no permeables que permitan la filtración de agua hacia los acuíferos); además, se extrae agua de reservas hídricas que no se recuperan, provocando que el terreno se vaya hundiendo (es el caso de la Ciudad de México); en muchas ocasiones se consumen los recursos hídricos (y naturales, en general) de los municipios colindantes poniendo a su población en riesgo de escasez.

¿Y qué pasa con el entorno rural?

Está claro que si las ciudades ganan habitantes, el rural los pierde… y este tema tiene mucho de qué hablar; para que este artículo no sea tan extenso, simplemente pondré a la vista algunas consecuencias del éxodo rural sobre las que quizás quieras indagar más por tu cuenta:

  • Si la gente abandona el campo, se reduce o elimina la producción de alimentos locales por lo que hay que traerlos de lugares cada vez más alejados (con el incremento de consumo de combustibles fósiles)
  • Si no hay gente cuidando el entorno rural, es fácil que se pierdan productos autóctonos (pérdida de biodiversidad) y que aumente el riesgo de incendios con la consiguiente pérdida y erosión del suelo.
  • Si los pueblos pierden población acaban perdiendo calidad de vida a través de pérdida de servicios (escuelas que se cierran, eliminación de consultas médicas, eliminación de transporte público…), pérdida de empleo remunerado (si no hay gente, las empresas se retiran), etc

Entonces… me voy al campo… o no…

Mientras hacen proyectos para las ciudades en Marte y ante la lentitud de cambios para adaptar las ciudades de aquí para ser más sostenibles nosotrxs, como habitantes preocupadxs y consumidores conscientes podemos (y debemos) reducir nuestra huella ecológica. Toca plantearnos objetivos que podemos llevar a cabo por nuestra cuenta.

Muchxs soñarán con irse a vivir al campo, tener una huerta con sus propios alimentos, elaborar mermeladas y encurtidos con los excedentes, vivir en sintonía con las estaciones, etc

Y aunque puede ser muy tentador, no tienes que dejar tu hogar en la ciudad para volver a la naturaleza y vivir de una manera más eco.  Ojo, que no digo que vivir en el campo sea sinónimo de ser sostenibles ya que puedes estar comprando alimentos que han venido desde la otra punta del planeta, desplazarte una hora todos los días en coche para ir al trabajo, echar pesticidas como si no hubiese mañana o pasar tu tiempo de ocio haciendo compras en Amazon, por ejemplo.

Bien sea porque no quieres, no puedes o todavía no has encontrado la manera de irte a vivir al rural de una manera más sostenible, lo cierto es que podemos hacer el cambio allí donde estamos ahora mismo desde la manera en la que nos desplazamos, cómo nos alimentamos o la ropa que usamos.

Usa lo que tienes

Como te decía más arriba, podemos ser más sostenibles en un entorno urbanita que no en una idílica casa en la montaña si hacemos un buen uso y aprovechamos las ventajas de lo que nos rodea. Por ejemplo, podemos encontrar la mayor parte de los servicios que necesitamos cerca de nuestro hogar a los que podemos ir caminando (o en bici, patín…). El transporte público puede ayudarnos a reducir o prescindir del coche, ahorrando tóxicas emisiones a la atmósfera.

¿Podemos ser sostenibles en la ciudad?

Los pisos, al ser más pequeños que las casas, requieren menos energía para calentarlos. Además, se benefician del efecto aislante de tener vecinos en el edificio. Por no hablar de si conseguimos mejor aislamiento dentro de nuestro hogar.

Y si vives en una casa en la ciudad quizás puedas interesarte en instalar fuentes de energía renovable, como un sistema de energía solar térmica para calentar el agua.

Quizás no tengas opción de huerto (aunque se pueden conseguir verduras en espacios muy reducidos) pero puedes unirte a una cooperativa o grupo de consumo para comprarle directamente a un/a productor/a local o relativamente cercana verduras ecológicas de temporada y, posiblemente, mucho más kilómetro 0 que las del supermercado.

Por no hablar de los cambios que cada una puede hacer en cuanto a reducir residuos, disminuir el uso de plásticos lo máximos posible, ahorrar agua, etc.

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¿Podemos ser sostenibles en la ciudad?

A modo reflexión final, se podría decir que, sin lugar a dudas, hay muchas cosas que podemos poner de nuestra parte para que nuestro impacto medioambiental se reduzca, tanto si vivimos en un entorno rural o urbano, pero lo cierto es que necesitamos un cambio más amplio que incluya pueblos vivos.

Vivir concentrados en ciudades (o por lo menos en las actuales) y, pese a nuestros esfuerzos individuales (todavía somos una pequeña parte de la población), no permite el grado de sostenibilidad necesario para recuperar el equilibrio ambiental que necesitamos antes del punto de no retorno; por eso es importante vincular la transición ecológica a la recuperación de vida rural y exigir políticas medioambientales y socioeconómicas que, entre otros puntos, incluyan la recuperación y fijación de la población rural.

Y tú, ¿estás preparadx para el cambio?

1https://www.lavanguardia.com/vida/20201018/484112208561/nuwa-ciudad-espanola-marte.html


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